Las herencias y sucesiones son una de las áreas donde más claramente se percibe la diferencia entre planificación y conflicto. En Tenerife, donde el patrimonio inmobiliario tiene un peso significativo, estos procedimientos suelen implicar una notable complejidad.
El proceso comienza con la aceptación o renuncia de la herencia, una decisión que no siempre es evidente, especialmente cuando existen deudas asociadas. A partir de ahí, se procede a la partición de bienes, que puede realizarse de mutuo acuerdo o, en caso de discrepancia, mediante vía judicial.
Uno de los principales problemas surge cuando no existe testamento. En estos casos, la sucesión intestada determina el reparto conforme a la ley, lo que no siempre coincide con la voluntad del fallecido o las expectativas de los herederos.
Los conflictos entre herederos son frecuentes, especialmente cuando existen bienes indivisibles, como viviendas. La falta de acuerdo puede derivar en procedimientos de división judicial de herencia, con el consiguiente coste económico y emocional.
Además, el componente fiscal —Impuesto sobre Sucesiones— debe gestionarse correctamente para evitar sanciones o recargos. En Canarias, este impuesto presenta particularidades que conviene analizar en cada caso.
La planificación sucesoria, mediante testamento y asesoramiento previo, permite evitar gran parte de estos problemas. Sin embargo, cuando el conflicto ya existe, la intervención de un abogado especializado resulta imprescindible para defender los intereses del cliente y alcanzar una solución viable.

